lunes, 5 de mayo de 2014

¿LA REFORMA TRIBUTARIA FAVORECE AL PUEBLO ?

“Los reclamos por el video en que el Gobierno promociona la reforma tributaria es de las cosas más ridículas, tontas y exageradas del último tiempo”, señala el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, en referencia a la polémica que generó la grabación hecha por el Ejecutivo para salir al paso de los cuestionamientos que ha hecho la derecha a una las tres iniciativas claves de la administración de Michelle Bachelet.
El académico en su habitual columna en El Mercurio pone en tela de juicio todos los calificativos usados para referirse al cuestionado video del Gobierno, explicando que en dicha filmación se sostiene que la reforma tributaria beneficiará y no perjudicará a la clase media; que disminuirá la desigualdad y que quienes se oponen a ella son los “poderosos de siempre”.
En ese sentido, sostiene que “es difícil ver en qué parte de ese puñado de verdades está el motivo del escándalo: la injuria, el combustible destinado a prender la lucha de clases, el tono que riñe con la democracia, las palabras que obstaculizan cualquier acuerdo”.
“¿Estará quizá en la frase que alude a los ‘poderosos de siempre’? Pero ¿acaso no hay poderosos en Chile y no han sido más o menos los mismos casi por generaciones? ¿O Chile, por un azar que los chilenos debieran agradecer, derogó las leyes de la concentración del poder y de la riqueza y, de pronto, transformó a quienes los poseen en franciscanos preocupados no de acumular sino de repartir?”, precisa.
Y añade que “en Chile hay poderosos; en lo grueso, son los mismos de siempre; y, por una inercia hasta ahora no desmentida (Bourdieu la llama conatus) se resisten a dejar de serlo, y, si se les deja a sus anchas, no hay duda de que tenderán a acumular cada vez más poder. En recordar esas verdades sencillas no hay injuria alguna, ni falta de modales, ni estímulo a la lucha de clases ni ninguna de esas tonterías que por estos días se han repetido como consecuencia de un raro adelgazamiento de la piel de todos quienes participan hoy del debate público”. Peña sostiene que no existe nada de injurioso en la frase que hace referencia a los “poderosos de siempre”, ya que “la evidencia que se recoge en un libro reciente (que ha merecido los elogios de Paul Krugman, quien no será empresario pero es Nobel de Economía) no hace sino confirmarla”. “En Capital in the Twenty First Century (Harvard University Press, 2014), T. Piketty, un profesor francés que recupera la vieja tradición de la economía política, explora, echando mano a los registros impositivos y la técnica estadística, cómo se ha comportado la riqueza los últimos dos siglos en las principales economías del mundo. ¿Qué fue lo que el profesor Piketty encontró? Nada muy sorprendente, salvo por la abrumadora montaña de datos que apoyan su descubrimiento. Descubrió que como la tasa de retorno del capital era superior al crecimiento, la riqueza tendía a concentrarse en un pequeño grupo que se reproducía a sí mismo (The Top 1 Percent in International and Historical Perspective, Journal of Economic Perspectives -Volume 27, Number 3 – Summer 2013). La tesis de Kusnetz y Solow según la cual el crecimiento acabaría haciendo declinar la desigualdad (el famoso chorreo que se ha divulgado por acá) era, pues, errónea. Una engañifa. Salvo que se establezcan impuestos al capital y a la herencia, dice Piketty, los más ricos seguirán clonándose, repitiéndose a sí mismos una y otra vez. Y ‘el pasado seguirá determinando el futuro’”, argumenta el académico, afirmando que los “poderosos seguirán siendo los de siempre”.
Argumenta que el problema no es sólo de distribución, sino que “de sobrevivencia del propio capitalismo. El capitalismo funciona acompañado de democracia; pero la dinámica de concentración de la riqueza que Piketty constata socava a esta última. Es la paradoja del capitalismo. Ninguna otra forma social crea más riqueza; pero al crearla socava las bases que la hacen posible salvo que la política, con medidas impositivas firmes, detenga el proceso y salve al capitalismo de los capitalistas. O, si se prefiere, salve al capitalismo de los poderosos de siempre”.
Por tal motivo, cree que es difícil entender la molestia de los empresarios y de la derecha por el video, el cual a su juicio “no hace más que repetir verdades gruesas”.
“La única explicación es que los poderosos de siempre estuvieron demasiado tiempo arrullados por la falta de debate al extremo que un simple video –fundado en ríos de tinta– les parece injuria y les erosiona una piel que a ellos, ordinariamente tan rudos y tan desdeñosos, se les ha puesto repentinamente delicada”, concluye.